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miércoles, 29 de agosto de 2007

El trabajo redime, santifica, humaniza...

Hoy tuve la maravillosa oportunidad de trabajar como albañil en una construcción. Y aunque había hecho pequeños trabajos de ese tipo, nunca con tanta intensidad como hoy.
Fue duro e interesante a la vez. Prácticamente estuve toda la mañana compactando tierra y batiendo concreto. El arma: la pala. El resultado: una gran cantidad de ampollas en las manos. Pero lo hice con gusto y sin descansar. Al final el cansancio, el esfuerzo, la tarea terminada y todo el sudor y la suciedad acumulada me hizo crecer.
Pude ofrecer ese esfuerzo como una de las mejores jornadas de oración que he hecho. Lo hice por las intenciones que me ocupan desde hace rato y por mí. Para crecer en una voluntad firme que haga dominar mis pasiones y someterlas a la voluntad de Dios.
En conclusión: el trabjo bien hecho redime, santifica, humaniza.
PD.
También pensé en la terrible experiencia de los pobres albañiles que no son remunerados como debieran, al hacer trabajos tan duros como éste.
Sirvan estas palabras como un homenaje a mi Padre, que trabaja en este rubro y que será siempre para mí el más grande de todos los héroes.

martes, 28 de agosto de 2007

La fugacidad del tiempo


El tiempo es veloz...

la vida esencial.

Han pasado ya ocho meses desde que 2007 iniciara su andadura. La fugacidad de las horas y nuestra contingencia, pues algunos de los nuestros ya no están entre nosotros, me hacen reflexionar sobre la gran dicha de vivir este nuevo "hoy". Vivir a tope, a plenitud, minuto a minuto, con intensidad, es un ritmo vital que no hemos alcanzado. La juventud se escapa de nuestras manos y la dejamos ir sin reparar en ello. Se va, para nunca más volver...

Con tristeza puedo contemplar a muchos que, no teniendo ni una gota de esperanza, desesperan de su fe y de su amor a Dios y se dedican a ver pasar ante sus ojos a muchos que dejan de ser un "don nadie" para convertirse en personas de éxito. Lo dijo Madre Teresa: «No se nos pide que tengamos éxito. Se nos pide que tengamos fe». La fe es la clave de nuestro éxito. La fe nos hace arriesgarlo todo por quien nos lo ha dado todo. Mediante la fe podemos lanzarnos con la seguridad de que el que nos llama, lo hace no como el resultado de una mera terapia psicológica, o como la proyección de nuestro subconsciente, sino como el efecto más noble del más noble de los amores: el divino.

Querido amigo: El Dios que te llama, te ama. Y porque te ama permite que en este tiempo vivas lo que estás viviendo. En la eternidad, junto a Él gustarás lo que ha prometido: salvación y felicidad. Pero esa eternidad ya entró en nuestro tiempo y se llama Eucaristía. La próxima vez que asistas al sacrificio del altar dile a Jesús que no le dejarás...hasta que te bendiga(Cf. Génesis 32, 27). Y así será.

Motivación

Motivación
Desde 1996, un faro en mi navegar por el mundo